Tauromaquia tradicional. Crédito: Katie Borderner. Comunes creativos.
COLOMBIA ha dado un paso histórico para poner fin a las corridas de toros, reavivando el debate en España a medida que evolucionan las opiniones sobre el bienestar animal y el patrimonio cultural.
Una tradición cultural llega a su fin
En mayo de 2024, el Congreso de Colombia aprobó la ley No Más Olé, que prohíbe las corridas de toros, el rejoneo (corridas de toros a caballo) y otros espectáculos relacionados en todo el país. La legislación permite un período de transición de tres años, lo que da a los empleados de la industria taurina tiempo para adaptarse antes de que la prohibición entre en pleno efecto en 2027. La prohibición también requiere un plan integral para apoyar a los afectados, incluidas oportunidades de empleo alternativas y la reutilización de los espacios taurinos para usos culturales, recreativos, deportivos y artísticos.
El presidente Gustavo Petro acogió con satisfacción la reforma y afirmó al aprobar el proyecto de ley que: “la justicia no puede decirle al mundo que matar seres sintientes por diversión es cultura”.
El legislador Juan Carlos Losada dijo que la decisión marcó un cambio cultural, asegurando que: “las generaciones futuras crecerán en un país donde la creatividad reemplaza a la crueldad”.
La duradera relación de España con la corrida
España sigue siendo uno de los pocos países donde las corridas de toros siguen protegidas por ley como parte de su patrimonio cultural. En 2016, el Tribunal Constitucional anuló el intento de Cataluña de prohibir la práctica, argumentando que el espectáculo forma parte de la identidad nacional de España.
La opinión pública cuenta una historia diferente. Una encuesta reciente de la Fundación BBVA encontró que el 77 por ciento de los españoles rechaza las corridas de toros, mientras que el ministro de Cultura del gobierno, Ernest Urtasun, señaló que «una mayoría cada vez mayor de españoles está preocupada por el bienestar animal».
Varios municipios ya han retirado la financiación para festivales taurinos, respaldados por la disminución de la asistencia y el malestar público.
Patrimonio versus humanidad
Los partidarios de las corridas de toros argumentan que sostienen las economías rurales, preservan una forma de arte histórica y proporcionan empleo en los ámbitos de la cría, el turismo y el espectáculo. Sin embargo, existe la preocupación de que las promesas hechas para apoyar a los afectados por una posible prohibición no sean suficientes para salvaguardar los medios de vida que dependen del comercio.
El ganadero colombiano Sáez de Santamaría dijo a la emisora estadounidense WLRN que: «Los toros ahora terminarán en un matadero. Las corridas de toros son un antiguo ritual con orígenes religiosos, y es triste que estos animales ahora tengan que morir sin ser vistos».
Los detractores responden que la cultura debería evolucionar junto con la conciencia ética y que el sufrimiento de los animales para entretenerse ya no puede justificarse.
El enfoque mesurado de Colombia ofrece un ejemplo práctico de reforma: combinar la sensibilidad cultural con una política decisiva. Su ley incluye programas de educación y empleo para ayudar a los trabajadores a realizar la transición a nuevos roles, asegurando que la tradición dé paso a la transformación en lugar de a la desaparición.
Una frontera moral cambiante
España se enfrenta ahora a una bifurcación cultural en el camino. La cuestión ya no es si las corridas de toros representan arte o crueldad, sino si el sentido de herencia de la nación puede coexistir con la compasión. Como ha demostrado Colombia, poner fin a las corridas de toros no se trata de borrar la historia, sino de redefinir lo que representa una sociedad humana y moderna.