Los expertos han subrayado que los datos del radar por sí solos no pueden confirmar la existencia de estructuras monumentales bajo la superficie. Crédito de la foto: Muratart/Shutterstock.
Las recientes afirmaciones de que una “enorme estructura subterránea” debajo de la meseta de Giza en Egipto podría indicar la existencia de un segundo monumento similar a una Esfinge han reavivado el debate arqueológico mundial, aunque los expertos subrayan que la evidencia sigue sin estar verificada y es controvertida.
La especulación se centra en datos interpretados a partir de escaneos de radares satelitales. realizado por el investigador italiano Filippo Biondi y su equipo. Según informes de los medios, los escaneos sugieren la presencia de una gran anomalía subsuperficial a unos 50 metros bajo tierra cerca de la Gran Esfinge de Giza, un monumento de piedra caliza tallado hace unos 4.500 años que se encuentra en la meseta de Giza, en la orilla occidental del Nilo en Egipto.
Biondi, especialista en tecnología de radar de apertura sintética (SAR), describió la formación detectada como «masiva» y potencialmente reminiscente del perfil de la Esfinge, lo que llevó a algunos a sugerir que podría representar una estructura compañera previamente desconocida. Él y sus colaboradores han resaltado las alineaciones geométricas percibidas entre la anomalía y los monumentos conocidos en la meseta, incluidas las pirámides de Keops y Kefrén. Estas afirmaciones se basan en hipótesis anteriores de que las imágenes avanzadas de radar y satélite pueden revelar características ocultas debajo de sitios antiguos. Las técnicas de radar como el SAR miden señales electromagnéticas reflejadas y pueden producir modelos indirectos de variaciones del subsuelo.
Contexto arqueológico y controversia
La Gran Esfinge en sí es uno de los monumentos antiguos más emblemáticos de Egipto, y los egiptólogos tradicionales creen que fue tallada en una sola cresta de piedra caliza durante el reinado de Kefrén, un faraón del Reino Antiguo alrededor del año 2500. ANTES DE CRISTO. Mide alrededor de 73 metros de longitud y 20 metros de altura.
Si bien la idea de estructuras no descubiertas en Giza no es nueva, durante décadas han circulado varias teorías marginales.lo que distingue a las afirmaciones recientes es el uso de tecnología moderna de teledetección. Se han aplicado interpretaciones similares basadas en radar a estudios del subsuelo en otros lugares, pero su importancia arqueológica en este contexto aún no se ha demostrado.
Los expertos han subrayado que los datos del radar por sí solos no pueden confirmar la existencia de estructuras monumentales bajo la superficie. Más bien, tales exploraciones pueden detectar patrones anómalos en la densidad del suelo o la composición de las rocas que podrían provenir de formaciones naturales tan fácilmente como de características creadas por el hombre. Los egiptólogos independientes han criticado los titulares de los medios por exagerar las implicaciones sin mayor validación.
La visión de la arqueología convencional
Figuras destacadas de la arqueología egipcia, incluido el ex Ministro de Antigüedades Zahi Hawass, han descartado las interpretaciones sensacionalistas de una “segunda Esfinge” por carecer de apoyo empírico. Señalan que la meseta de Giza ha sido extensamente estudiada y excavada durante muchos años, sin confirmación previa de tal estructura.
La comunidad arqueológica en general coincide en que los nuevos descubrimientos deben ser validados a través de excavaciones controladas e investigaciones revisadas por pares antes de que puedan ser aceptados como objetivos. La teledetección puede ser una herramienta valiosa para identificar posibles objetivos de investigación, pero por sí sola no puede establecer la existencia de monumentos específicos.
Para complicar aún más el debate, gran parte de la fascinación pública se basa en mitos de larga data e ideas especulativas sobre cámaras o bibliotecas ocultas debajo de Giza, como el legendario Salón de los Registros, un archivo mítico que algunos afirmaban que podría estar bajo la Esfinge, una noción ampliamente considerada como pseudohistoria.
Lo que realmente muestran los datos
Algunos investigadores interpretan principalmente los datos del radar que provocaron titulares recientes como indicadores de características del subsuelo con una geometría notable. Dependiendo del método de escaneo y procesamiento específico, estos podrían incluir discontinuidades o anomalías en el retorno de la señal subterránea.
Sin embargo, estas interpretaciones no son universalmente aceptadas entre los científicos. Expertos independientes han señalado que sin una verificación sobre el terreno mediante excavaciones físicas o la corroboración mediante múltiples metodologías, las anomalías del radar no pueden vincularse de manera concluyente con espacios o estatuas construidas.
Próximos pasos e investigación en curso
Según se informa, el equipo detrás del análisis del radar solicitó permiso a las autoridades egipcias para realizar más investigaciones, incluido un examen directo del sitio donde se detectó la anomalía. Dicha aprobación sería necesaria para cualquier excavación arqueológica o prueba en el sitio.
Por ahora, la afirmación sigue siendo una hipótesis más que un hecho establecido. Ha despertado un renovado interés en la aplicación de tecnologías de imágenes avanzadas a la arqueología, incluso cuando los principales académicos instan a la precaución y a estándares científicos rigurosos.
Conclusión
La idea de una segunda Esfinge o extensas cámaras ocultas debajo de la meseta de Giza captura la imaginación y continúa recordándonos el misterio perdurable de los monumentos antiguos de Egipto. Sin embargo, basándose en la evidencia actual, la afirmación se basa en interpretaciones preliminares de datos de radar que no han sido verificadas de forma independiente. Sin más investigaciones y validación arqueológica, no existe una confirmación científica aceptada de que exista una segunda Esfinge debajo de Giza, y la comprensión de larga data de las estructuras históricas del sitio permanece sin cambios.